Cómo preparar a tu perro para el frío: ropa, abrigos y cuidados de invierno
Tócale las orejas. Y la tripa, por donde tiene menos pelo. Si las notas frías de verdad —no frescas, frías—, tu perro está pasando frío, por mucho que siga caminando como si nada.
Ese gesto de dos segundos resuelve la duda que más me traen a la tienda en invierno, y no necesita tablas de temperatura, listas de razas ni teorías. El perro que tirita o que tiene la piel fría al tacto necesita algo encima; el que va cómodo, no.
Pero el invierno de un perro no se acaba en comprarle un abrigo. Hay otra mitad —las almohadillas, el agua que bebe, cómo se organizan los paseos— de la que casi nadie habla y que separa al perro que pasa bien la temporada del que llega a marzo con las patas agrietadas. Vamos con las dos.
¿Tu perro necesita ropa en invierno? La respuesta honesta
La respuesta no está en una tabla: está en tu perro, y te la da él en los primeros cinco minutos de paseo.
Míralo. El perro que tiene frío tirita —a veces muy fino, casi imperceptible—, encoge el lomo, mete el rabo, camina rápido y pegado a ti, levanta una pata o directamente se planta en la acera y te mira. El que está cómodo olfatea tranquilo y va a su ritmo. No hay que interpretar nada más: te lo está contando.
Y si tienes dudas, tócalo. Las orejas y la tripa son las zonas con menos pelo y las primeras que se enfrían. Si las notas heladas después de un rato en la calle, ese perro necesita prenda aunque no esté tiritando todavía.
A partir de ahí, lo demás es sentido común. Un perro de pelo corto y piel fina —un teckel, un galgo, un chihuahua— se enfría antes que uno con el pelo denso, y un perro pequeño se enfría antes que uno grande, porque pierde calor mucho más rápido en proporción a su tamaño. Eso no es una opinión, es física. Pero ninguna de esas reglas manda sobre lo que estás viendo: si tu perro tirita, tiene frío, sea de la raza que sea.
Qué ropa necesita según su raza y tamaño
El tamaño importa por una razón física: cuanto más pequeño es un cuerpo, más superficie tiene en proporción a su volumen, y más deprisa pierde calor. Un perro de cuatro kilos se enfría mucho antes que uno de veinte, aunque los dos tengan el mismo pelo. Y si además está cerca del suelo, donde se acumulan el frío y la humedad, la cosa empeora.
Razas que más sufren el frío
- Teckel: la combinación de pelo corto, cuerpo largo y tripa a dos dedos del asfalto lo convierte en el caso más claro de todos. Necesita prendas que cubran la espalda entera.
- Chihuahua y razas toy: pierden calor a una velocidad que sorprende hasta a quien lleva años con ellos. Son los primeros en pedir prenda y los últimos en quitársela.
- Bulldog francés, carlino y boston terrier: pelo corto y, además, una respiración que ya de por sí trabaja justa y que se resiente con los cambios bruscos de temperatura.
- Yorkshire, maltés y shih tzu: el pelo largo engaña mucho. Es pelo fino, sin subcapa, que no aísla del frío y que además se moja y se enreda con facilidad.
- Perros mayores: la edad lo cambia todo. Un perro que a los cuatro años no necesitaba nada, a los once con artrosis agradece el abrigo desde el primer día frío, sobre todo en el arranque del paseo.
- Perros a los que les han cortado el pelo demasiado corto: si el corte se ha ido de la raya —o peor, si le han rapado, algo que no debería hacerse nunca porque el pelo también le protege del frío y del sol—, ese perro necesita prenda durante semanas aunque no la haya llevado en su vida.
Razas que aguantan bien sin ropa
Y ahora la otra mitad de la verdad, que es la que no se suele contar:
- Pomerania y spitz alemán: manto doble y denso, pensado para el frío. No necesitan abrigo. Lo que sí les viene bien es un impermeable, porque ese mismo manto tan abundante se empapa y tarda muchísimo en secar.
- Razas nórdicas y de manto doble en general: el abrigo les sobra y, si es ajustado, puede aplastarles la capa interna que es justo la que aísla.
- Perros de pelo duro tipo terrier de manto áspero: aguantan bastante bien el frío seco. Otra cosa es la lluvia.
Si tu perro está en este grupo, no le compres un plumas por si acaso: cómprale un buen impermeable y ahórrate el resto. Con una excepción, la de siempre: si lo ves tiritar o le tocas las orejas y las tiene heladas, la raza deja de importar.
El orden correcto: jersey, abrigo o impermeable primero
Esta es la pregunta que más me hacen y la que menos se responde bien en internet. No es una cuestión de cuál es mejor, sino de en qué orden los vas necesitando a lo largo de la temporada.
Primero el jersey. Es la prenda de entrada: octubre, noviembre, días secos de diez o doce grados. Da calor sin volumen y el perro se acostumbra a llevar algo encima sin dramas. Aquí están todos los jerseys de la tienda y la guía de cuándo ponerle un jersey y cómo elegir la talla.
Después el abrigo. Cuando el termómetro baja de verdad —de diciembre a febrero— el jersey ya no llega. El abrigo de plumas es el que mejor relación calor-peso tiene: abriga muchísimo pesando muy poco, que es exactamente lo que necesita un perro pequeño. Y si solo vas a comprar una prenda en toda la temporada, que sea esta: es la que cubre los días en que tu perro de verdad lo pasa mal, y la que más se usa de noviembre en adelante. Tenemos una guía de abrigos de plumas y otra de cómo elegir el abrigo perfecto según talla y raza, y toda la selección en abrigos para perro.
El impermeable va aparte. No es una prenda de abrigo, es una prenda de lluvia, y por eso no sustituye a ninguna de las dos anteriores: las complementa. Se pone encima. Mira la selección de impermeables y chubasqueros o lee cómo elegir el chubasquero adecuado.
Y aquí va el truco que casi nadie conoce y que en tienda recomiendo cada invierno: el día de lluvia con frío —el peor de todos— se resuelve por capas. Jersey debajo, impermeable encima. El jersey da el calor, el impermeable corta el agua y el viento. Es la misma lógica que usas tú para vestirte, y funciona igual de bien en un perro.
Y si lo que quieres es comparar las tres prendas una a una —qué hace cada una, para qué perro es y cómo se combinan— lo tienes en jersey, abrigo o impermeable: qué necesita tu perro en invierno.
Si tu perro lleva arnés, hay una cuarta opción que te ahorra media coreografía: el abrigo-arnés, que lleva las anillas cosidas al propio abrigo y no necesita arnés debajo. Te cuento cuándo tiene sentido y cómo elegirlo en este artículo.

Cuidados del perro en invierno más allá de la ropa
Aquí es donde se separa el dueño que viste a su perro del que de verdad lo prepara para el invierno. Son tres cosas, ninguna cuesta dinero, y las tres se notan.
Las patas en el frío: sal y humedad
Las almohadillas son lo que más sufre y lo que menos se mira. El frío las reseca, la humedad constante las reblandece y la sal que se echa en las aceras heladas es directamente abrasiva: irrita, agrieta y, si el perro se lame las patas al llegar a casa —y se las lame—, además se la traga.
Lo que hago yo y lo que recomiendo: al volver del paseo, aclarar las patas con agua tibia y secarlas bien, sobre todo entre los dedos, que es donde se queda la humedad. Si el perro tiene mucho pelo entre las almohadillas, recórtalo con cuidado: ahí se forman bolas de hielo y barro que le hacen caminar raro.
Y para el día a día del invierno, un bálsamo. Nosotros usamos el Bálsamo Paws & Nose, que es el que tenemos en tienda y el que le pongo yo a la mía: se aplica por la noche sobre las almohadillas y la trufa, nutre e hidrata la zona y ayuda a que no se agriete con el frío y la sal. Mejor prevenir durante toda la temporada que curar una grieta en enero, que tarda en cerrar y le duele al andar.
Señal de alarma: si tu perro empieza a levantar una pata en la calle o a pararse cada pocos metros en un día helado, no es capricho. Le están doliendo las patas.
Hidratación en invierno
En verano todo el mundo vigila que el perro beba. En invierno nadie lo hace, y sin embargo la calefacción reseca el ambiente exactamente igual que el sol de agosto, y el perro bebe menos porque no tiene sensación de sed.
Revisa que el agua esté fresca y limpia igual que en verano. Si notas que bebe poco, un truco sencillo: añadir un poco de agua templada a la comida. Y si tienes al perro cerca de un radiador, ten en cuenta que ahí el aire está más seco todavía; verás la piel más escamosa y el pelo más apagado.
Ejercicio con frío
El perro necesita el mismo ejercicio en enero que en junio, aunque a ti te apetezca la mitad. Lo que cambia es cómo se organiza.
Sal a las horas de más luz y temperatura si puedes. Evita el rato inmediatamente posterior a la comida si vais a hacer ejercicio intenso. Y sobre todo, no arranques de golpe: un perro que sale de una casa a veintidós grados a una calle a cuatro necesita unos minutos de paseo tranquilo antes de correr, igual que tú no te pones a correr nada más levantarte. Esto vale el doble para perros mayores o con artrosis, que es cuando más rígidos van en los primeros metros.
Y si el paseo es corto porque llueve o hiela, compénsalo dentro de casa: juegos de olfato, un mordedor, algo que le canse la cabeza. Un perro que no gasta energía en invierno la gasta destrozándote el sofá.
Cómo elegir la talla correcta (para que no estorbe)
Una prenda mal elegida es peor que ninguna prenda. Si le aprieta, le roza las axilas y le limita el paso; si le queda grande, se le gira, le deja el lomo al aire y acaba siendo un estorbo que el perro intenta quitarse.
La medida que decide la talla es el largo de espalda: desde la base del cuello, donde apoyaría el collar, hasta el nacimiento de la cola. No es el peso. Dos perros de seis kilos pueden tener cuerpos completamente distintos, y en teckel la diferencia es abismal.
Después, el contorno de pecho —en la parte más ancha, justo detrás de las patas delanteras— y el de cuello. Mide siempre al perro de pie, nunca sentado, y con el metro ajustado pero sin apretar.
Tres cosas que repito en tienda todas las semanas. Una: cada marca tiene su tabla y no son intercambiables. Dos: si el perro cae entre dos tallas y la prenda es de invierno, sube a la grande, porque probablemente le pongas un jersey debajo. Tres: comprueba que las patas delanteras se mueven libres; si al caminar el borde de la prenda le frota la axila, esa talla no es.
Tenemos la guía completa de cómo medir a tu perro para comprarle ropa, con las tres medidas paso a paso. Cinco minutos bien invertidos si compras sin probárselo.
Nuestra selección de invierno en Mascoboutique
Las marcas que trabajamos las elijo yo, una a una, y siempre por lo mismo: que la prenda aguante el uso real, que la talla sea fiable y que el perro esté cómodo dentro. Estas son las tres de este invierno:
- Mascoboutique — esta temporada estrenamos abrigo de plumas de marca propia. Sale de años de ver qué funciona y qué falla en las prendas que pasan por la tienda: ligero, con buen recorrido de espalda y un patronaje que no aprieta en las axilas. De momento en kaki, burdeos y marrón claro, con más colores en camino.
- Milk & Pepper — nuestra referencia en abrigo-arnés. Ingvar, Auguste y Agatha son los tres que más salen, y funcionan especialmente bien en siluetas difíciles como el bulldog francés, el carlino o el boston terrier, donde cuadrar abrigo y arnés por separado es una pelea.
- Alqo Wasi — jerseys de lana de alpaca. La alpaca abriga más que la lana de oveja pesando menos, no pica y regula la humedad, que es justo lo que necesita un perro que entra y sale de casas con calefacción. De esta temporada, el Frosted Grove, el Fall Medley Toasted Almond y el Aran Rosa.
Si no sabes por dónde empezar, escríbenos con la raza, la edad y el largo de espalda y te decimos qué le va bien. Y si quieres ver la temporada completa, la tienes en ropa para perros.

En resumen
Preparar a tu perro para el frío son dos cosas a la vez. La ropa, elegida por lo que ves en tu perro y no por lo que te preocupa a ti: jersey para entrar en temporada, abrigo cuando aprieta el frío —y si solo compras una prenda, esa—, impermeable para el agua, y por capas los días que se juntan las dos. Y los cuidados que no se ven: las patas limpias, secas y con bálsamo, el agua vigilada como en verano y los paseos con un arranque tranquilo.
Quédate con el gesto del principio, que es el que decide: tócale las orejas y la tripa, y míralo los primeros cinco minutos del paseo. Si tirita o lo notas helado, tiene frío y da igual lo que diga su raza. Si te queda la duda de qué prenda concreta elegir, tenemos el artículo de ropa para perros en otoño con las categorías explicadas una a una.
Escríbenos y te ayudamos a acertar. Llevamos años haciendo justo eso, invierno tras invierno.
El frío va a llegar igual. Que te pille preparado.
Sobre la autora
Mar es la fundadora de Mascoboutique. Lo que empezó como una idea para vestir y equipar a la nuestra se convirtió, con los años, en una boutique de referencia en Madrid para familias con perros. Cada invierno se repite la misma escena en tienda: dueños que no saben si su perro tiene frío de verdad o si son ellos los que se preocupan de más. Aquí nunca recomendamos lo que se vende mejor, sino lo que ella misma le pondría a su perro —y cuando no hace falta nada, también se dice.






